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El sistema de Salud en Bogotá D.C., y Colombia trae un “estado de coma” prolongado
desde hace varias décadas, producto, no necesariamente del sistema que se maneja
desde hace 30 años, sino de un flagelo, “plaga” o “cáncer” llamado corrupción.
Innumerables casos de atención prioritaria y con carácter de urgencia con atención
dilatoria que a la larga generan un desenlace fatal, son el pan de cada día en los diferentes
dispensarios de salud, clínicas y hospitales del país, generadores de los altos índices de
mortandad de pacientes cuya matriz viene a desencadenarse de lo que la gran mayoría
de los colombianos califican como un “sistema de salud perverso”.
No se sabe si el verbo para aplicar en este flagelante tema sea el de suplicar, rogar,
protestar o el de quejarse. Lo cierto del caso es que la rampante corrupción que impera
en nuestro país le abrió un gran espacio a la corrupción para absorber de las arcas del
erario público un presupuesto de aproximadamente 35 billones de pesos anuales
destinados al sector salud, para contributivo y subsidiado, tal y como ha venido
sucediendo durante la última década.


La mala atención en la prestación del servicio y el flagelante tema de la corrupción han
llevado a los gobiernos de turno a plantear “tibias” propuestas de reforma a la salud, sin
encontrar eco alguno en el son de la Rama Legislativa, producto de la apatía política y del
encubrimiento a los intereses de sectores privados que fungen como manejadores de
algunas de las sobrevivientes y deficientes Empresas Prestadoras de Salud, EPS.
Y ni que hablar de dos acetaminofenes administrativo-jurídicos que los usuarios utilizan
como medicamento de último momento para alcanzar una cita, una autorización o una
urgencia médica, como son los derechos de petición y las acciones de tutela, éstas últimas
objeto de gambetas en los acatamientos favorables para los usuarios sumados a la
indiferencia por parte de algunos los privados manejadores de las EPS.
La cadena de la salud no ha encontrado el medicamento ideal para que las tres (3)
escalinatas financieras puedan estabilizarse. Primero la destinación presupuestal del
Estado para financiar la cobertura de salud en el país. Segundo que las EPS paguen
puntualmente los servicios a las Instituciones Prestadoras de Salud, IPS, y tercero que los
empleados del gremio, llámense médicos, enfermeras, auxiliares y personal administrativo
entre otros, reciban su remuneración puntual y acorde al cumplimiento de sus labores.
Y ni qué decir de los hospitales del Distrito Capital y el país que vienen con un lastre en
rojo que los mantiene en bancarrota y en estado de coma, lo cual conduce a ser austeros
en la prestación del servicio de salud, a disminuir su planta de personal en un 50 % y
obviamente a reducir los costos en materia de suministros, quedando a la deriva el
paciente de turno quien solamente se limita a parpadear, respirar y lanzar madrazos por
la pésima atención que reciben cuando en su núcleo familiar se presenta una calamidad
relacionada con el factor salud.
Toda esta serie de situaciones engorrosas conducen a que las EPS deficientes comiencen
a extinguirse y sean puestas en el “ojo del huracán”, tal y como sucedió con Caprecom,
SaludCoop, Cafesalud, Saludvida, Cruz Blanca, Coomeva, Medimás, Convida y
Comfamilia entre otras, quienes fueron objeto de fachada para desviar los recursos de la
salud y desviarse a las arcas de los corruptos.
Este arqueo de caja contaminada por la corrupción al interior de la prestación del deficiente
servicio de la salud en la capital y el país conduce a reflexionar sobre la Reforma radicada
por la administración del Presidente Gustavo Petro, la cual ha sido objeto de polémicas
que, hasta ahora calientan el debate de lo que podría ser el contenido final de esta
iniciativa en caso de superar las instancias legislativas.
La creación de una de Centros de Atención Primaria, CAP, en todo el país, con enfoque
de medicina preventiva y predictiva, nos recuerda los centros de higiene de décadas atrás.
La creación de las CAPS en los territorios, para organizar la prestación de los servicios de
salud por territorios con un promedio de 25.000 personas por cada uno, distribuidos según
el lugar de vivienda o trabajo. Los recursos de la Atención Primaria ejecutados por la
Administradora de los Recursos del Sistema de Salud, ADRES, con giros directos
mensuales a los prestadores de salud públicos, privados o mixtos. La dignificación de los
trabajadores de la salud y la continuidad de EPS con “pulmón” económico fuerte y el
fortalecimiento de la Nueva EPS, nos recuerda el otrora Instituto de Seguro Social, ISS,
para cubrir los territorios en los que por la liquidación de algunas EPS queden sin entidad
de aseguramiento, son la base fundamental de esta reforma a la salud materia de trámite
en las Comisiones séptima conjuntas del legislativo.
En todo este enredo político, legislativo, financiero resulta importante detenernos a
analizar el futuro de la salud en el Distrito Capital tomando como base el referente de una
posible reforma y las actuales bases débiles en la prestación de este servicio.
Basta con acudir a las tediosas cifras fruto de las encuestas de opinión las cuales datan
que, en la capital de la República de cada diez (10) encuestados seis (6) afirman que no
se le está garantizando el derecho a la salud, independientemente de estar o no afiliado
al sistema de seguridad social, mientras que temas como la mortalidad materna e infantil
siguen cuesta arriba por la falta de atención oportuna.
Por si fuera poco, la afiliación de personas del Sistema General de Seguridad Social en
Salud (SGSSS), al Régimen Contributivo sufre notable descenso, fruto del alto índice
desempleo a nivel distrital. El contar con índices de desnutrición aguda por encima del 7
por ciento en menores de edad y traer el lastre de la pandemia entre los años 2020 y 2021
han hecho una “ampolla” gigante en la salud de los bogotanos.
Sin pretender ser xenofóbico, pero aterrizado en la realidad, la llegada de ciudadanos
venezolanos disparó la atención de partos, a tal punto que cerca del diez (10) por ciento
de los partos atendidos son de mujeres nacidas en el vecino país.
Para ser más cauteloso en el tema de la salud basta con mirar un informe de Bogotá Cómo
Vamos junto a la Universidad de Los Andes, del año 2021 que data las siguientes cifras:
 En vacunación de triple viral en niños de un año, pasó de 92,6 % a 84,7 %.
 La desnutrición global en menores de 5 años aumentó de 6,3 % a 7,5 %.
 La mortalidad por cáncer de cuello uterino aumentó en 238 casos en el 2020 con
respecto al 2019.
 La mortalidad materna pasó de 20,1 a 29,1 x 100.000 nacidos vivos.
 La desnutrición aguda aumentó de 3,4 % en el 2019 a 3,7 % en el 2020.
 El número de atenciones para habitantes en calle descendió́ en casi un 50% (de 86.304
a 42.902).
Debo detenerme a darle unas líneas al tema del Hospital San Juan de Dios, al cual le
apuesta el actual gobierno central en resucitar, meta para nada fácil, debido a los enredos
de tipo administrativo y a las líneas jurídicas que forman una telaraña que no podido ser
desenredada a la fecha.
Unas deterioradas bases físicas con un proyecto vago de remodelación y enfrentamientos
por egos políticos de los últimos mandatarios distritales, conducen a prever que este
“enfermo terminal”, no tendrá salida alguna en un futuro cercano o a mediano plazo, todo
por la supuesta falta de unos diseños para implementar la nueva obra y así convertir esta
sede en potencial hospital de tercer nivel, algo que ni en maquetas está hecho.
Son cerca de 500 mil millones de pesos que están enredados en este proyecto con
ejecución a 2029 donde se incluye el Centro de Atención Prioritaria en Salud (CAPS) y la
elaboración de la conexión peatonal entre la Calle 2 Sur y la Avenida la Hortúa.
Otra duda que me surge es el futuro inmediato de la EPS Capital Salud, a la cual la
Superintendencia Nacional de Salud le levantó la medida de recuperación que regía sobre
esta, tras evidenciarse la recuperación financiera de la entidad promotora de salud distrital
y el cumplimiento de los indicadores de gestión establecidos.
No obstante, la EPS de la ciudad tiene matrícula condicional, ya que debe ejecutar planes
de trabajo para mejorar las condiciones financieras y de solvencia, el pago oportuno a la
red prestadora y proveedora de servicios y tecnologías en salud, así como adelantar
gestiones de radicación, conciliación y recuperación de cartera todavía pendiente. Con la
nueva reforma a la salud podrá cumplir con estas metas? O como el enfermo volverá a
recaer en su enfermedad financiera de deficiencia en general?
Por otra parte, no hay que dejar por fuera el lamentable tema que nos demostró la
pandemia del Covid 19 el cual nos dejó la gran enseñanza de lo prioritaria que es la salud,
y más aún con el alto índice de mortandad registrado entre los años 2020 y 2021 como
consecuencia de la carencia de una sólida Red de Infraestructura Hospitalaria en el Distrito
Capital, (cuerpo médico, camas, UCIS, equipos de oxígeno etc…), que no tuvo la
suficiente capacidad para evitar la muerte de personas con hipertensión, obesos y con
problemas cardíacos entre otros, que se pueden prevenir.
Por eso hoy estamos atentos a que sea una realidad el Hospital de Tercer Nivel de Bosa
El Recreo, el Hospital de Usme, el Hospital Santa Clara y la torre de urgencias del Hospital
de Kennedy entre otros, y que esto que es político se haga realidad de forma inmediata,
más allá de la discusión que se de en el Congreso de la República a la Reforma a la Salud,
la cual no elimina del todo a la Ley 100 de 1993 que convirtió a la salud, en muchos casos,
en un negocio y foco de corrupción.
Un último ingrediente que se le suma a este “explosivo” proyecto de reforma a la salud es
el famoso documento de un “grupo de ministros en rebeldía con la iniciativa, quienes, con
cifras en mano han demostrado que esta iniciativa rompe la famosa “regla fiscal”, y rompe
las barreras fiscales de la Nación, al no haber la suficiente capacidad económica para
financiar los 38 billones de pesos que se requieren para amortiguar esta transformación,
solamente, en los dos próximos años.
Como conclusión, resulta importante que la reforma a la salud se enfoque en crear y
modernizar la infraestructura, fortalecer el modelo de atención primaria, trabajar con la
ciudadanía y con todos los actores del sistema de salud, fortalecer las campañas de
prevención de enfermedades, los programas de reproducción sexual, productiva y la de
salud mental.
Se debe seguir perseverando por alcanzar un régimen de salud que sea universal, que no
tenga exclusión alguna. Que el cuerpo médico y administrativo de los hospitales y clínicas
tengan un salario digno y acorde a sus funciones.
Y la más utópica de todas, que la salud sea eficiente y se eliminen los intermediarios
de la salud y que se fumigue a los corruptos con una alta dosis de anti recursos
públicos para unos pocos, para así cumplir con el adagio popular de ¡salud, dinero
y amor! no más corrupción.