Analista social y político
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El calvario Wayúu
POR Alberto Palmarrosa Inciarte Economista

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En La Guajira la tenemos calva, y no nos ha caído sólo la Corte Constitucional, sino, además, los más cercano de este gobierno Petro, gobierno que he defendido y aupado; sus excomandantes como ellos se pavonean, las elecciones que acaban de pasar los desarropó y desnudó, mostrándolos como baratijas electorales. Toda una diáspora menuda, al menudeo desvergonzante a que los sometió el dinero venido de todos lados, picaron aquí y acullá, al mejor postor. La vendimia del pillaje electoral en La Guajira se rio en nuestra cara, pues, no solo los compró, también lograron la victoria más importante: rompieron profundamente el acercamiento que habíamos logrado, los visos unitarios, aunque débiles los niveles de confianza alcanzado estallaron por la atomización del movimiento, provocado por la rebatiña entre elementos del Pacto Histórico, a ver quien lograba el mejor bocado.
Amparados además en un discurso apócrifo, desplegaban la idea que había que acerar en las regiones los llamados acuerdos políticos que favorecieran a las reformas del gobierno nacional, falsos; las calles han demostrado ser el mejor escenario para derrotar a los politiqueros, las luchas del 2018 y el 2019 así lo testificaron, ello abrió el camino para la derrota electoral del fascismo en Colombia. Pero nuestros sableadores no estaban solo en su cometido, gozaban del apoyo de personajes funestos muy cercanos al gobierno, que según palabras de nuestros pelafustanes fueron desde arriba orientados a aliarse con la derecha guajira.

Innegablemente ha sido el proceso electoral más decepcionante para los sectores democráticos, una derrota inocultable, al punto que, en La Guajira, otrora región de alzamientos populares beligerantes, de un movimiento social y obrero intransigente ante las políticas hambreadoras del régimen, hoy tenemos un pálido reflejo de nuestra hostilidad frente al atropellador régimen burgués.
Lo digo por la actitud sumisa, pasiva, por no decir genuflexa que hemos asumido frente a la provocadora actitud de la Corte Constitucional en La Guajira, los comandantes están sumidos en las discusiones de la repartija burocrática de los futuros gobiernos regionales, a ver que le dan, así garantizan el cambio. Perdieron la costumbre de la poca dignidad.
Solo este gobierno, liderado por Gustavo Petro ha dado repuestas concisas y precisas frente al cúmulo de hechos anticonstitucionales planteados por la sentencia T 302 de 2017; y, en los 11 decretos emanados de su visita con su gabinete a nuestro territorio a partir del 26 de junio de este año, dando repuesta a los requerimientos de la Corte Constitucional, y a las aspiraciones del pueblo wayúu; pero la misma Corte Constitucional, respondiendo a su conformación uribista y, a los intereses del gran capital declara inexequible los decretos para resolver los problemas planteados. Ha hecho tabla rasa, negándole la posibilidad a nuestro pueblo a la solución de sus ingentes problemas. La corte Constitucional no tiene escrúpulo y, prolonga el vía crucis de sed, hambre y muerte en La Guajira. Como colofón acaba la Corte Constitucional de tumbar el decreto 1172 que buscaba darle subsidios a madres de familia indígenas, de hijos entre 0 a 5 años para combatir la desnutrición, con el fatuo discernimiento que el decreto no guarda relación con la crisis del agua. ¡espurios!
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Era para que ya hubiéramos unidos nuestras voces, nuestros puños, haber defendido con ahínco las conquistas de este gobierno; pero no, estamos adormecidos, muchos aletargados por sus “victorias espurias” nos queda a aquellos que no congeniamos con la barahúnda politiquera, acercarnos para que entre tantos compañeros que somos prosigamos el camino que con tanto sacrificio labramos. Al traste, los honorables y perfumados magistrados echaron por la borda y olímpicamente: la restauración de Salinas de Manaure, el Instituto Nacional de Agua para acabar con la estafa que es esepgua, creada para la corrupción; la universidad indígena con escuelas en salud; fortalecimiento cultural, reactivación del turismo, el uso del espectro radioeléctrico para el sector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, etc.

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Pero la Corte Constitucional, esgrime la necesidad del fortalecimiento institucional, o sea, que a sabiendas de que hay un Congreso mayoritariamente derechista y hostil al gobierno, en aras al fementido respeto e independencia de los tres poderes, el gobierno tiene que someter los decretos al Congreso; busca en sí, restarle ascendencia y simpatía popular al gobierno nacional; En el régimen de producción capitalista, no existe independencia de los tres poderes, hay un solo poder: el económico, que sostiene y harta a los tres, lo que existe verdaderamente es una dictadura burguesa; mientras exista Estado, existe dictadura, así de claro, y, en el capitalismo no hay paz ni democracia.
Tenemos los guajiros consecuentes, que concitarnos y decirle a la Corte Constitucional, ¡pare ahí!, exigir la viabilidad, ya, de las medidas del gobierno para salvar de la hecatombe de la hambruna, el restablecimiento de los decretos de emergencia expedidos para la solución económica, social y ambiental en La Guajira.

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Alberto Palmarrosa Inciarte Economista