Los intereses políticos, ideologías, fanatismo, radicalización y propaganda política, quizás liderada por un personaje, o un movimiento político, institución judicial y estatal de alta competencia, no pueden imponerse y obstaculizar el desarrollo de una obra de infraestructura o un gran proyecto estatal que se considera fundamental para una ciudad, país o comunidad.
Esto para hacer un llamado a quienes se oponen a las grandes obras del país sobre todo cuando hay cambios de Gobierno. En el caso de Bogotá, es lamentable que la tercera linea del metro se vea desfinanciada por el actual gobierno de Gustavo Petro, a sabiendas de la llegada del nuevo presidente Abelardo de la Espriella, quien desea darle continuidad a las grandes obras del país, y así como este caso hay muchos en los que no llegan a feliz término o se demoran en su finalización como la famosa vía al mar o los proyectos de los transmilenios en Bogotá, iniciados con gran éxito en la primera Alcaldía de Enrique Peñalosa.
Trazados como el de la avenida 68, la calle 13, la prolongación de autopista norte y el transmilenio de la autopista sur, fueron frenados por las alcaldías de Gustavo Petro y el recordado Samuel Moreno, para citar dos casos frustrantes y de no grato recuerdo para Bogotá por su pésima gestión en la ciudad y que sus administraciones perjudicaron a mucha ciudadanía y que hoy en pleno 2026, vivimos las secuelas negativas de la falta de consciencia de esos alcaldes, quienes se fundamentaban en odios y celos políticos para no dar vía libre a esos proyectos, que lo único que buscan es mejorar el nivel de vida de sus habitantes, infraestructura y que sus ciudades sean competitivas para atraer turismo e inversión redundando positivamente en el empleo y crecimiento económico.