La montaña y el hombre, hacen la divinidad de la tierra en este paraje de espiritualidad y amor por los recursos naturales
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JUAICA es mágica, inmersa de vida, vigilante del municipio de Tabio a 20 kilómetros de Bogotá

Para Felipe Ceballos, fotógrafo y amante de la naturaleza, quien posee gran experiencia en varias expediciones montañistas tanto en Colombia como en algunos países de América Latina, la Peña de Juaica, dice él, es un lugar en el cual se puede expresar con sentimiento el -amor por la montaña- y sus entornos enmarcados por el verde y aire puro que se siente al pisar este territorio, «porque nuestro espíritu vuela con el misticismo de nuestros ancestros muiscas», puntualiza.
FOTOGRAFÍA JOSE BALLESTEROS OLAYA E INVESTIGACIÓN FELIPE CEBALLOS
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Pero a medida que se avanza y se va ascendiendo en su extensa pero agradable caminata hacia Juaica, la escalada es cada vez más exigente que se ve enmarcada por una espesa vegetación que conduce hacia la cima de este bello cerro e imponente que se asoma a la Sabana de Bogotá en el que el verde frondoso predomina en sus montañas, asimismo para tocar esta piedra ancestral tarda una hora y media, eso sí a paso regulado desde el municipio Tabio hasta pasar por veredas circundantes para más tarde observar de cerca la majestuosa cumbre que luce como un coloso vigilante de la verde altiplanicie.

Ahora en una pausa y mirando al horizonte, Felipe, expresa con entusiasmo que «Juaica tiene significado Muisca con variedad de representaciones, dice que ahora cuenta con una buena ubicación y señalización para el caminante que desee llegar al lugar».
Asimismo se afirma que desde la montaña, roca o peña se desprenden posibles energías que aunque no podemos verlas sí podemos sentirlas y para muchos es un sitio sagrado para convivir momentos de paz interior.
La cima es una deidad personal para montañistas y amantes de la naturaleza que se localiza entre Tabio y Tenjo de la majestuosa Sabana de Bogotá, en donde vemos emerger la gran Juaica que para adorarla debemos pasar por plantaciones nativas y otras invasivas como pinos, eucaliptos frailejones y cabe resaltar la famosa uva carraca.
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Después de una larga jornada de expedición y luego de sentir, escuchar el susurro del viento sabanero para contemplar un cielo azul a más de 3.287 m, Ceballos, el expedicionario de mil batallas, finaliza con esta reflexión «estamos a expensas de ella y podemos visitarla con respeto».

Un momento para descansar y encontrarse con el mas allá y poder concluir que vivir es solo respirar, ver y sentir tus entornos



