EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES EN COLOMBIA, DEBERÍA TRIUNFAR EL VOTO DE OPINIÓN O EN BLANCO COMO PRUEBA DE UNA DEMOCRACIA TRANSPARENTE.

Por: Jose William Pachón Vanegas- Asesor Jurídico de LANORMA.COM

En el proceso inevitable de modernización y transformación de las sociedades del mundo, Colombia no podía ser ajena a la actualización tanto del ESTADO como sus gobiernos e instituciones. En consecuencia, derogó a través del Constituyente Primario y en ejercicio de la DEMOCRACIA REPRESENTATIVA, que no participativa, como debiera serlo, la Constitución de 1886, Magna Carta que nos rigiera por más de un Siglo. Así las cosas, el pueblo colombiano en ejercicio democrático con su voto facultó a los ilustres delegados que finalmente y elegidos ya, conformaron la Asamblea Constituyente de 1991.

Los líderes de aquella Constituyente de 1991, Navarro Wolf, Álvaro Gómez Hurtado, el presidente Cesar Gaviria y Horacio Serpa.

De esta forma civilizada ciudadana, el pueblo COLOMBIANO, en uso de su poder soberano, promulgó la Constitución de 1991 y actualmente vigente, en medio de tanto interés  propio y foráneo en desestabilizar la patria que con sacrificio construyeron nuestros ancestros héroes a propósito de la conmemoración de los doscientos años de expedición de la Constitución de 1821 en los remotos orígenes de nuestra amada  República. Sin embargo, muchos de los males actuales de nuestra actual sociedad obedecen en parte al desconocimiento expreso del derecho divino como fuente primaria de toda autoridad en la tierra y para quienes somos depositarios de fe en la creación divina. Ver preámbulos constituciones de 1886/1991. Las constituciones políticas en los Estados de derecho se componen del Preámbulo, la parte dogmática y la orgánica, siendo el PREÁMBULO de dicha Constitución, parte vinculante.

Aspectos importantes que debían ser actualizados y modernizados acorde con el desarrollo de las sociedades a nivel global y por supuesto local, hacían necesario la promulgación de una nueva constitución política para adecuarla a la situación del nuevo milenio y en armonía con el desarrollo del país. En consecuencia el ESTADO COLOMBIANO transformó y modernizó su sistema electoral y la creación de nuevas instituciones en las diferentes ramas del poder público se hizo indispensable.

Sede de La Fiscalía General de la Nación en Bogotá.

Nacen instituciones como la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo, la Corte Constitucional, entre otras; entidades que han funcionado en beneficio tanto del Estado y sus asociados como de la democracia en sí, sin importar en ultimas la eficacia o no de las mismas. Sin embargo y pese a la modernización del Estado, de sus instituciones del resurgimiento de nuevas entidades, hoy, los colombianos padecemos uno de sus mayores males: LA CORRUPCIÓN ADMINISTRATIVA, YA SEA POR ACCIÓN U OMISION de servidores públicos de elección popular, nómina o libre nombramiento y remoción, de los altos togados, de los contratistas del sector público, de los militares de cierto rango o de la Policía. Afectando este, el rey de los males estatales a la población vulnerable del país, pues, por su causa se ven truncados la realización de los verdaderos fines del Estado,  consagrados por el artículo 2° de la Constitución que no deben ser otros, que la dignificación de los coadministrados y traducidos en verdaderos planes de inversión social para satisfacer sus necesidades básicas: salud, educación, nutrición y empleo.

Ha sido importante la transformación de nuestra sociedad a partir de la Constitución de 1991, sobre todo en la forma de elegir a nuestros representantes en democracia: Concejales, diputados, congresistas, gobernadores, alcaldes y Presidente de la República. Recuerdo como en vigencia de la Constitución de 1886, el Presidente de la república nombraba al Alcalde Mayor de Bogotá, asimismo sucedía con muchos otros cargos públicos los cuales hoy son de elección popular.

El voto de opinión o en blanco sería el punto de equilibrio para que Colombia tenga los gobernantes que se merecen para las elecciones de 2022.
Líder y caudillo liberal en los 80, asesinado en la plaza Central del municipio de Soacha.

Es inevitable para mi memoria recordar mis días de adolescente, las elecciones eran verdaderos carnavales y previo a ello, mi padre un liberal de “trapo rojo”, nos encomendaba la tarea en compañía de los hijos de otros copartidarios suyos, empacar los votos en papeletas blancas. Las listas ya venían impresas en orden riguroso, pues los escaños a proveer en las diferentes corporaciones públicas de elección popular se asignaban por el famoso “COCIENTE ELECTORAL”. Era el caudillo de turno o gamonal que a dedo establecía su orden, es decir, que de acuerdo con sus cálculos electorales, este ya sabía quiénes tenían viabilidad de salir elegidos. Igualmente, el CAUDILLO, CACIQUE O GAMONAL, encabezaba la lista simultáneamente a varias corporaciones,

La institucionalidad es fundamental en toda democracia.

Por ejemplo, encabezaba la lista al Concejo de Bogotá y simultáneamente al de varios municipios más. Así las cosas, el cacique de turno, caudillo o gamonal tenía poderes omnipotentes y el don simultáneo de la ubicuidad. Mi padre, un liberal militante  del partido contribuía de esta forma para el  triunfo de su caudillo en forma desinteresada, no pensaba en burocracia o contratos a cambio de su lealtad política, no, su único interés era ver triunfar al caudillo, cacique o gamonal, dirigente de su partido. El ansiado día de las elecciones eran verdaderos carnavales para chicos y grandes, felicidad para quienes habían contribuido al triunfo de su caudillo y representantes y decepción para aquellos a quienes sus candidatos se habían quemado. También el elector salía de la mesa de votación respectiva sonriente por el deber cumplido y como prueba del ejercicio de elegir, el índice derecho impregnado de tinta roja, era la señal que se había votado.

El próximo Congreso que se elija para 2022 parece renovarse en sus nuevos miembros.

Era indispensable y necesario que nuestro país se modernizara y actualizara su Constitución a las necesidades de su moderna sociedad. Así como pasamos de la revolución industrial a la revolución digital, se requería finalmente la modernización y actualización de elegir a nuestros gobernantes y la manera de asignar las curules como la actualización de las causales de inhabilidad e compatibilidad que se requieren para un verdadero ejercicio de elegir y ser elegido.

La actualización tecnológica y la elección a cargos públicos por el voto popular.

Hoy, de acuerdo con las reformas políticas, nos hemos acostumbrado a la descentralización política por circunscripciones ordinarias o especiales, hasta curules al Congreso se han asignado sin el requisito previo de su elección, MUCHOS CARGOS QUE ANTES SE DESIGNABAN A DEDO POR EL caudillo, HOY SON DE ELECCIÓN POPULAR. Terminología electoral como el UMBRAL, LA CIFRA REPARTIDORA, LA LISTA CERRADA, ABIERTA, EL VOTO PREFERENTE Y EN FIN, MUCHOS OTROS.  Han dejado en el olvido las listas impresas a dedo y el famoso “cociente electoral”. Sin embargo, recordando las viejas formas de hacer política en Colombia es ineludible recordar aquellas épocas del bipartidismo político por cuanto el ciudadano no tenía más opción, su filiación política para ingresar a un empleo público, igualmente era indispensable para acceder al mismo.

El presidente de la República tiene como propósito llevar al país por la senda de la equidad en un estado social de derecho.

La pregunta que no  podía faltar en la hoja de vida o en la entrevista, era ¿FILIACIÓN POLÍTICA? La respuesta no tenía más opciones. Liberal o conservador. Actualmente para aspirar a un cargo de elección popular el proceso  ha cambiado, se aspira con el aval de un partido político con personería jurídica o por firmas de acuerdo con los artículos 107 y 108 de la Constitución Política, pero a diferencia del pasado el menú político es diverso, los liberales, conservadores, comunes, verdes, amarillos, decentes, en fin, hay para escoger como dirían en Boyacá. Sin embargo es triste ver como en el pasado parecería se ejercía el derecho al voto, identificándose, precisamente elector y elegido por su ideología, por su pensamiento político compatible y así se tomaban decisiones trascendentales.

La Carta Magna de 1991.

Hoy, posiblemente se ha perdido esa falta de identidad política, ese pensamiento que edifica y sostiene  los diferentes cargos de elección popular. En la modernidad se dan AVALES al mejor postor sin importar ideología o antecedentes, la   contraprestación económica es lo fundamental al momento de otorgar los avales y lo más grave aún es que de acuerdo con los poderosos medios de comunicación, y  las agencias encuestadoras, la mayoría de futuros candidatos presidenciales, aspirarán por firmas como si pertenecer a un partido político serio fuera motivo de desvergüenza. Por tal razón, me atrevo a decir sin temor a equivocarme  que en las próximas elecciones en Colombia, debería triunfar el voto de opinión o sea aquel que deposita el elector por convicción y desprendido de cualquier interés, de lo contrario sería conveniente para nuestra democracia tan sufrida que finalmente el voto en blanco se sintiera como señal de inconformidad ya que de acuerdo con la ley, en caso de ser mayoritario el voto en blanco, las consecuencias de dicho resultado serán: repetir dichas elecciones y la sanción moral para los candidatos, quienes aspiraron a ser elegidos no podrán volver a presentarse a dichas elecciones. VERDADERA FORMA DE DEMOSTRACIÓN QUE EL PUEBLO COLOMBIANO ESTÁ INCONFORME CON SUS GOBERNATES Y CON LAS FORMAS DE HACER POLÍTICA.

Nota: Las mayúsculas son propias del autor de la presente columna.